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Descubriendo las Montañas de la Luna en Uganda
Se dice que Stanley descubrió las montañas Rwenzori, lo dudo mucho, la población local ya las conocía y había habitado sus fértiles zonas bajas desde tiempos inmemoriales. ¿Las descubrimos nosotros en agosto de este año?, seguro que no ¿verdad? ¿Pero nos sentíamos igual que aquellos que las vieron por primera vez? Eso sí que podría ser cierto.
Estas montañas tienen la curiosa cualidad de asombrar siempre al viajero, parecen recién nacidas a los ojos de cualquier visitante. Sorprenden por su virginidad intacta, su espesura y verdor inmaculados, y por esa bruma casi perpetua que las mantiene aisladas del exterior. Recorrerlas es adentrarse en otro mundo, en un mundo pasado lleno de leyendas y aventuras. El mismo de Stanley, Livingston, y demás exploradores africanos.
Ninguno de sus senderos es sencillo o cómodo, son salvajes, escarpados, embarrados, construidos a mano a base de troncos y ramas retorcidas, son en definitiva un reto muy atrayente para el viajero que busque verdadera aventura.
Hicimos el circuito central con los famosos guías del RMS y subimos el Margarita de 5109 m. Como no podía ser menos, este pico tiene un paso que es digno de estudio. Tres escaleras de aluminio unidas entre sí por cuerdas que cuelgan y se balancean en una pared vertical de unos 25-30 metros. Toda una prueba de equilibrio y sangre fría. Se ascienden y descienden con crampones así que podéis imaginar el panorama. Una lástima que no tenga fotos, pero estaba más preocupado de asegurar a los clientes que de las posibilidades estéticas del dichoso pasito.
Los albergues son un lujo en un lugar donde llueve continuamente y la gente con la que trabajas, guías, cocineros y porteadores son afables, divertidos y duros como el pedernal. Todo un placer compartir esta aventura con una tropa, 17 en total, de este calibre.
Para terminar visitamos el Parque Nacional Queen Elizabeth donde disfrutamos de un par de buenos recorridos, vimos toda clase de venado africano que se pueda imaginar, un montón de elefantes, jabalíes, hipopótamos, búfalos y muchos otros. Eso sí, ni rastro de leopardos o leones, y eso que hay más de un centenar de ellos en el parque.
Entebe fue nuestro punto de partida y lo sería también de nuestra despedida de Uganda. Es un sitio tranquilo junto al lago Victoria, literalmente tomado por los funcionarios de Naciones Unidas que tienen allí su base para las operaciones en Sudán y quizás también para Somalia y Etiopía.
En resumen: Uganda es una joya tropical acurrucada junto al lago Victoria. Un país humilde, acogedor y a la vez sobrecogedor. No decepcionará jamás, de eso estoy totalmente seguro.
Mas fotos en fb. http://www.facebook.com/home.php#!/photo.php?fbid=188819341184887&set=a.188819304518224.44514.138669016199920&type=1&theater
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El mero hecho de oír la palabra Kurdistán ya me producía cierto estremecimiento, una mezcla de lejano e indefinido temor y una incontrolable atracción por lo desconocido y salvaje. La historia Kurda colmada como pocas de episodios sangrientos, devastación e incluso momentos que aún claman llamarse genocidio, sobrecoge. El pisar esas tierras áridas al norte de lo que fue Mesopotamia y al oeste de la poderosa Persia tenían un significado especial en el imaginario de este caminante ibérico.
Para este viaje usé un agente turco de probada reputación aunque obviamente esto no es una garantía en territorio Kurdo donde muleteros y gran parte de la logística se sustenta en población kurda. La tensión entre turcos y kurdos se palpa en el ambiente, los turcos parecen caminar vigilando constantemente sus espaldas y los kurdos lidian con el enemigo de mala gana. El turista suele ser considerado y tratado como un huésped aunque las relaciones sean rudas y bastante apasionadas. Podríamos decir que eso forma parte de su exotismo.
Por desgracia no visitamos ninguna de sus ciudades más tradicionales como Mardin o Rumkale, por ejemplo, sino que desembarcamos en Dogubayazit, una ciudad fronteriza desgarbada y sin mucho encanto que sirve de base para las escaladas del Ararat. Después de la ascensión visitamos Van, junto al hermoso lago del mismo nombre. Ambas ciudades fueron arrasadas durante la primera guerra mundial cuando los turcos otomanos combatían contra rusos y armenios, así que hoy son ciudades totalmente reconstruidas. Sorprende sobre todo Van, posiblemente la ciudad más moderna del este de Turquía, donde parece querer medirse el nivel de progreso por la cantidad de letreros luminosos que abarrotan las calles.
El Ararat sin embargo es un pico milenario, un volcán extinto, cargado de historia y leyenda. Un cono casi perfecto en las planicies Kurdas. El Ararat nos asoma a Georgia, Armenia e Irán, es la atalaya que nos permite otear Asia, la última frontera antes del gran espacio de Oriente. Su ascensión es directa, sin aditivos, como es costumbre en estas tierras. Cuenta con dos campamentos, el primero perfectamente situado en un pequeño hombro a unos 3200m y el segundo en un pedregal de mucho cuidado a unos 4200m. El paisaje, despejado de cualquier cosa que se parezca a un árbol, tiene un encanto especial; aquél que provocan los espacios desolados y áridos. El campamento suele estar bastante concurrido, aunque la verdad es que nosotros tuvimos la suerte de compartirlo solo con un par de grupos. La higiene tampoco es su punto fuerte, aunque considerando su localización, los problemas logísticos y las tensas relaciones agentes turcos-trabajadores kurdos es comprensible.
Hicimos cumbre y tuvimos que bajar algo rapidito pues el tiempo empeoraba por momentos. La bajada, para aquellos que no les guste mucho los famosos cascajales, probablemente no será muy divertida, se hace larga y pesada, ya que descendemos hasta el primer campamento. De ahí un par de horitas y a los vehículos. Llegamos a Van para sudar nuestro jubilo en un céntrico hotel sin aire acondicionado. Después un refrescante paseo en barco que nos llevaría a la isla de Akdamar en el centro del lago Van, que alberga una antigua y preciosa iglesia Armenia.
Ya más arregladitos y vestidos para la ocasión tomamos el avión de vuelta a Estambul, una de las ciudades de mis sueños. Siempre me faltan palabras para describir esta ciudad así que termino poniendo unas cuantas fotos extra de entre los centenares que ya tengo. Y eso va a ocurrir en este caso. Hoy aquí sentado frente a esta pantalla fría y más artificial que Paris Hilton, recuerdo como el humo de sus narguiles se enreda en mi cuerpo y su efecto narcótico me atrapa y a la vez me transporta a otro tiempo, tal vez a otra época. Me encantan.
Turquía fue el ombligo del mundo, y ¿hoy? Aparte del ombligo económico en el que todos andamos buscando nuestro minúsculo espacio, ¿existe algún otro ombligo que verdaderamente merezca la pena explorar? ¿Turquía quizás?
No os perdais este video de Aynur Dogan. Cantante curda. Pincha aquí

























